¿Curar disfunción eréctil con Omega 3?

curar disfunción eréctil con omega 3

El suplemento que más ha crecido en popularidad desde los años 90, y sobre todo en los 2000, es el Omega 3 y los famosos aceites de pescado.

La campaña de marketing asociada a dicho componente ha sido todo un éxito, abarcando a todas las capas de la sociedad y los medios. Vamos, que esto lo llevan poniendo hasta en la sopa, y de algún modo ha calado en todas las comunidades New Age, de nueva espiritualidad, yoga, o seguidores de todo tipo de dietas veganas, etcétera. Es decir, en prácticamente la mayor parte de la población urbana.

Es muy raro ver a gente o expertos en salud y dietas que no recomienden esto como uno de los elementos esenciales para una buena alimentación.

En cuanto al consumo personal, hay opiniones para todo; desde los que dicen que les ha causado bastantes beneficios a los que dicen que notaron como su salud empeoró por el camino.

Sin dudad, lo mejor es comprobar las cosas por uno mismo idealmente manteniendo las demás variables constantes, para intentar medir el efecto de la nueva, en este caso Aceite de pescado u Omega 3.

El hecho es que el reconocimiento de este “ácido graso esencial” es paralelo al surgimiento de las grasas insaturadas y específicamente poliinsaturadas como las nuevas Mesías salvadoras de las dietas modernas mundiales, por lo que no es difícil ver por dónde vienen los tiros en este caso.

Omega 3 disfunción eréctil

Al ser algo que se da por prescindible para la buena salud no han faltado quienes han asociado su ingesta con una mejora de la salud sexual masculina, hasta el punto de recomendar omega 3 para mejorar y curar los posibles problemas de impotencia o disfunción eréctil en el hombre.

El argumento de los diferentes proponentes de este remedio, que van desde consultores homeopáticos o espirituales, hasta médicos de la seguridad social o de clínicas privadas, es el que ya nos podemos imaginar: que las mismas aumentan el HDL, o “colesterol bueno”, y reducen el LDL, “colesterol malo”. Repitiendo ese mantra, que en el idioma del pueblo llano es: “grasas saturadas son muy malas” y las “grasas poliinsaturadas son buenas”, se consigue que todo el mundo lo crea, como si el mero hecho de enunciarlo signifique que sea verdad.

Por eso, como el omega 3 se supone que es el no va más en la lucha contra el colesterol, las recomendaciones de todos los expertos en el tema, empezando por el Estado, son en contra de las grasas saturadas y a favor de los “ácidos grasos esenciales”.

Por ejemplo, una recomendación muy típica es la de pescados azules, que viven a bajas temperaturas y que tienen mucho omega 3, con lo que se supone que nuestro cuerpo utilizará esas prostaglandinas para impedir todo tipo de coágulos y problemas arteriales.

Como la disfunción eréctil está muy relacionada, supuestamente, con los problemas de circulación, pues se da por hecho que una dieta rica en omega 3 es lo mejor para curar la misma y para aumentar la virilidad del hombre.

Todo esto suena muy bien, de ahí el éxito que se consigue con una buena campaña como esta.

Por lo tanto, según la teoría oficial, para mejorar nuestra circulación, y por ende, nuestros problemas de impotencia, debemos aumentar nuestro consumo de atún, salmón, ostras, sardinas, anchoas o caviar, todos ricos en Omega 3.

Omega 3 para la impotencia

El problema no es esa comida, que ya de por sí no está mal. La ingesta de ostras es desde luego, muy beneficiosa para nuestra virilidad. Y comer unas sardinas o atún de vez en cuando es algo incluso recomendable.

Lo que pasa es que la fiebre por las Omega 3 ha venido acompañada por un aumento masivo de la promoción del consumo de estas en botes y suplementos varios. No estamos ya consumiendo una comida nutricional como un filete de atún con su proteína y otros componentes, sino grasas poliinsaturadas puras y duras, y además en la forma más rancia posible.

Para recomendar el uso de Omega 3 para curar la disfunción eréctil nos darán numerosas razones y además siempre tendremos estudios que soporten las mismas.

Veamos alguno de esos casos:

Por ejemplo, hay un estudio que dice que el uso de grasas poliinsaturadas Omega 3 y similares reduce la inflamación.

Como se dice que la inflamación es mala para que circule la sangre entonces también ha de ser mala para que los capilares de nuestro pene se llenen de sangre por lo que entonces añadir Omega 3 es algo bueno para nuestra salud sexual.

El problema con estos estudios es que también podemos encontrar muchos que prueban que las grasas poliinsaturadas son malas para la salud, incluida la Omega 3.

Solo tienes que leer el artículo de Ray Peat “The great Fish Oil experiment” del 2007 para encontrar docenas de estudios que dicen que los Omega 3 son muy dañinos. Pero lo más interesante del mismo es como nos recuerda como estas “grasas esenciales” que eran consideradas como perjudiciales hace tiempo fueron ganando terreno en los despachos del mundo mediante una campaña concertada de los aparatos de las multinacionales y del Estado.

Lo curioso del caso es que parece que se escogen unos “estudios” y se “obvian” otros, casi como por arte de magia.

Es como si detrás de todo el asunto hubiera algún interés oculto.

¿Por qué parece ser que muchos estudios se olvidan en el baúl de los recuerdos, mientras otros son promovidos por multinacionales y el Estado?

No sé, da que pensar, como poco.

El hecho es que como nos recuerda Ray Peat en el artículo mencionado, los aceites de pescado tenían un uso diferente hace muchas décadas: se usaban para pintar o dar barniz por su alta capacidad de oxidación.

Es en esa capacidad de oxidación el cómo se explica su “ausencia” o poca cantidad en los casos de enfermedades. Pero claro, esa falta de EPAs o DHAs significa que los mismos se han oxidado causando la peroxidación de lípidos y causando todo tipo de males; vamos, como si te pintaran por dentro, más o menos. Eso, evidentemente, no puede ser muy bueno para tener una mejor salud sexual y no digamos para curar la impotencia.

Deja un comentario